lunes, 14 de noviembre de 2011

Cuando un trazo rima con un verso

Dentro de la programación del VII Brumario Poético organizado por la Fundación Cuña Casasbellas, se ha instalado la exposición ‘Hojas de Sombra’ en la Galería Sargadelos de Pontevedra hasta el 3 de diciembre. Allí,  el trabajo de María Maquiera Vales-Villamarín y Luis Maquieira provocan un fructífero encuentro que, alentado por un atractivo montaje, es capaz de generar un ambiente en el cual el visitante se siente cómodo, arropado por ese cruce de miradas entre el dibujo y el verso. Una revisión del tradicional encuentro entre pintura y poesía.


Cajas que encierran un feliz encuentro entre dibujo y poesía, restos de un naufragio vital y sentimental entre el oleaje de una existencia curtida por la huella de la palabra y el trazo de un lápiz. Cuando ambas disciplinas riman entre sí surge una muestra tan delicada y sensible en su resultado final como modesta en su planteamiento inicial. Pero es que hay cosas que entran por los ojos, que te hacen agradable estar unos minutos entre estas maderas que acogen el trabajo de dos creadores: una artista plástica, María Maquieira Vales-Villamarín y un poeta, Luis Maquieira. Y aquí esto sucede. Primero por un montaje diferente, ideado conforme a un planteamiento que encaja perfectamente con ese trasfondo poético que sustenta toda la muestra, y en segundo lugar por el maridaje de ambos territorios, trazos y palabras que juegan a lo mismo, a suscitar emociones, a provocar en el espectador la captura de una belleza antes surgida de la mano de ambos. Conductos diferentes pero con una meta común.
Cada una de esas cajas es un pequeño secreto que se abre al exterior, floreciendo así las capacidades de ambos creadores para mostrar su trabajo, pero no solo para eso, sino para ofrecer una instalación llena de sorpresas donde mucho de lo que generan esas obras también forma parte de ellas: bolígrafos, notas, correcciones, libros, documentos, objetos... todo ello se va a ir aposentando en varias de esas cajitas para intentar explicar lo que allí se esconde. Ciertamente, poca explicación necesitan unos trabajos en los cuales sólo lo visual ya nos apasiona, pero es que dentro de ese impacto formal se encuentra también una gran carga en su interior. María Maquieira, nos muestra su dominio del dibujo, su capacidad para reproducir lo que nos rodea y que ya habíamos visto en la reciente muestra de Novos Valores con un trabajo que sitúa al dibujo en el centro de su vida, en el transcurrir diario entre exposiciones o los recorridos habituales de su estadía en Roma.

Rastros |Ahora aquellos planos, aquellos programas de mano, aquellas estaciones de paso por la capital italiana, se sustituyen por poesías, por el rastro que la palabra que Luis Maquieira va dejando en cada uno de esos pequeños continentes, en ellos, y a partir de sus poesías el autor nos conduce a sus emociones por el hecho de vivir, por agolpar sus sensaciones en unos versos, entre luces y sombras, entre recuerdos y olvidos, entre el destino, la suerte y la muerte. Estaciones obligadas en la vida, y también, como no, en la poesía.
Desde ese gran ojo del poeta que María Maqueira coloca en una de las maderas parece que las palabras se van deslizando al interior del poeta. Un descenso a los infiernos para conocer al hombre, para gestionar con él afectos, acuerdos y desacuerdos, posteriormente volcados hacia ese mar exterior en el que nos reunimos todos para conocer el resultado del naufragio, y poder rescatar así lo que hay de nosotros mismos en el interior de cada uno de esos compartimentos. Si miramos bien, si nos detenemos ante ese gran ojo, ante esos perfiles humanos, y si leemos algunos de los poemas nos veremos a nosotros mismos, y es que esa es la última misión del artista: del poeta, del dibujante, del músico o del escultor, hacer de su arte la radiografía de su propio mundo que, al final, también es el nuestro.



Publicado en Diario de Pontevedra 13/11/2011
Fotografía Andy Leal

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