lunes, 3 de octubre de 2011

El jardín de Carmen Hermo

La artista pontevedresa logra generar un ámbito de sosiego dentro de un paisaje natural. Una naturaleza fragmentada, pero llena de sugerencias



‘Ventorramas’, ‘Carballeira’, ‘Flotafollas’, ‘Paxaros’ o ‘Augarramas’... todos ellos son los protagonistas de la exposición que Carmen Hermo trae a la sala de exposiciones de la Xunta de Galicia en Pontevedra. Actores de una naturaleza fragmentaria, impresiones que se independizan entre sí para constituirse como protagonistas en solitario de la gran producción, siempre a imitar, que es la naturaleza. Carmen Hermo no ceja en su deseo de hacer un arte dinámico, donde nada esté inventado, por lo que su lúdica propuesta es nuestra  entrada en su jardín, una experiencia sensorial que surge de lo artístico para desembocar casi en el ecologismo. Todos esos actores se apearán de sus respectivas paredes para integrarse en la obra que supone el colofón a la exposición, un vídeo en el cual todos ellos se reinventan, se configuran como un todo, y es entonces cuando escuchamos el trino de aquel pájaro antes pintado, de aquella rana antes coloredada, de aquel viento que intuíamos moviendo unas ramas o un agua que lentamente cae sobre la tierra.
 Esta terapia, tan saludable y cuyos efectos se constatan al cabo de unos minutos, también puede hacernos caer en una crisis de romanticismo, por el abrumador peso de la naturaleza, para lo cual la propia artista es quien de proponernos una solución inmediata, irónica y radical. Pero hasta que eso pase, podemos seguir disfrutando de un paseo entre cuadros, entre pinturas que sintetizan esa naturaleza a la que Carmen Hermo se asoma y que durante estos días abre a nuestros sentidos.

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