domingo, 9 de octubre de 2011

Con la familia a cuestas

Quizás sea uno de los géneros más maltratados por todo el mundo literario, desde los editores hasta el propio público. Muchas veces ha sido menospreciado en relación a géneros como la novela, pero cada vez más parece que el relato breve ha ido conquistando su propio lugar. Los editores Sergi Bellver y Juan Soto Ivars han hecho un gran esfuerzo para acercar ese universo del relato al lector, por hacerlo parte de sus preferencias literarias y por ello merecen el aplauso por haber mimado a sus ‘cuentistas’ con el libro ‘Mi madre es un pez’.


‘Consejos sobre el arte de escribir cuentos’: “La verdad de la verdad, es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra”. Ese mandamiento, el número 9 que el escritor Roberto Bolaño ofrece a los escritores en su propio libro de ‘Cuentos’ es la mejor pista para afrontar este tipo de narración. Pocos consejos son mejores que este, leer a Poe es una inmejorable escuela para el autor que quiera afrontar un relato. A la vista de los que se incluyen dentro del volumen ‘Mi madre es un pez’, son muchos los que han seguido el consejo del escritor chileno y han hecho del espíritu de Poe un timón seguro que manejar. Son estos tiempos nuestros propicios para la lectura breve, para el relato que se inicia y se remata en unos escasos minutos. Lejos de deslegitimar ese género frente a la gran literatura, grandes escritores se han dejado llevar por ese tipo de escritura, entre ellos Faulkner, Chéjov o el propio Poe.
Hay quien no entiende de diferencias entre ambos, y así, Ricardo Menéndez Salmón, una de las realidades más consolidadas de la narrativa española y participante en esta selección de relatos breves así lo entiende: “Me cuesta diferenciar mi trabajo de novelista de mi trabajo como cuentista. Yo me tengo por un narrador, lo que significa que la prosa es mi territorio y que en ella, tanto en la distancia corta, como en la media, como en la larga, encuentro mi espacio natural, el modo más poderoso para decir aquello que deseo.” Y desde ese deseo es desde el que surge ‘Mi madre es un pez’, una antología de treinta y tres relatos con un nexo en común, el tema a tratar es el de la familia, partiendo de esa frase ya emblemática, procedente del libro de William Faulkner, ‘Mientras agonizo’, en el que se narra la historia de una familia que traslada el cadáver de su madre hasta el lugar deseado para su entierro. Eduardo Mendoza, Rodrigo Fresán, Berta Marsé, Jon Bilbao, Mercedes Cebrián o el ya citado Ricardo Menéndez Salmón, junto al periodista de ‘Diario de Pontevedra’, Manuel Jabois, son algunos de los autores que participan en el libro. El propio Manuel Jabois entiende el relato “como una columna de periódico: una pieza de relojería en la que no debe sobrar nada. Al escritor el relato le conmueve el estilo; se lo afina, como una guitarra”.
Se nos presenta aquí, por lo tanto, una amalgama de escritos tan diverso y heterogéno, que permite radiografiar el estado de este género en nuestro país, respaldado gracias a iniciativas como la promovida desde la editorial ‘Libros del silencio’, una hermosa aventura de compromiso con el hecho literario, con la escritura, sin más pretensiones que el ofrecer una selección de textos de calidad, no sometidos a una autoría famosa que facilite un mayor número de ventas. La edición presenta también otros motivos de aplauso, la ilustración de la portada o un extraordinario prólogo, a la altura, e incluso en muchos casos superando a los propios relatos del interior, firmada por los editores, Sergi Bellver y Juan Soto Ivars, y que ofrece la explicación precisa que justifica esta publicación.

Partiendo de aquella trashumante familia faulkneriana, aquí seran otras familias las que se convoquen en una especie de terapia colectiva, en una expiación, en muchos casos íntima, de la relación entre el escritor y ese contexto siempre peliagudo y singular como es el familiar y que Manuel Jabois defiende como un ámbito “indispensable cuando uno escribe y los demonios familiares son el eterno retorno de un escritor. De hecho, está todo ahí. Uno escribe para entretener, pero en el fondo lo que hace es conocerse. La familia, en este sentido, es un objetivo prioritario. Una feliz amenaza. También las familias felices; sobre todo, ésas”. Y es que la familia siempre se ha entendido como uno de los gérmenes de la narración el pozo inagotable del cual ir extrayendo los cubos de inspiración necesarios para volcar sobre las páginas de un relato. Puede haber quien lo entienda como una convocatoria de demonios, no así el asturiano Ricardo Menéndez Salmón que prefiere huir de esa interpretación, “No creo que sea un terreno más incómodo que otros muchos. No al menos en mi caso. A la familia me acerco con la misma naturalidad y con la misma reverencia que me acerco a escribir sobre mí mismo o a escribir sobre la vida en un pueblo asturiano durante 1936”. Como toda selección que agrupa a un elevado número de relatos, la diversidad de formas de narrar, de concebir historias alrededor de la familia o el pelaje diferente de cada uno de los autores es su gran virtud, pero también puede ser su gran defecto. Lejos de entrar en juicios de valor sobre cada uno de los cuentos lo que sí es importante es la elaboración de este cauce para que jóvenes escritores hagan constar su presencia en ese territorio salvaje como es el de la creación literaria, mostrando sus ilusiones y capacidades de escritura. Todos los cuentos, que se acogen entre el celebrado prólogo y el último relato, una caricia literaria de Eduardo Mendoza, representan mucho más que literatura, representan la ilusión por escribir.

Publicado en Diario de Pontevedra 9/10/2011
Foto Camilo Gómez. Archivo Diario de Pontevedra

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