viernes, 23 de septiembre de 2011

Universo almodovariano



Si nos sentamos en una butaca para ver una película de Almodóvar sabemos a priori con lo que nos vamos a encontrar, jugando también el director con esa complicidad que ha ido generando a lo largo de su reconocida trayectoria en nuestro país, aunque quizás no tanto como quisiera, como sobre todo fuera de nuestras fronteras. Penetrar en ese universo almodovariano no es más que dejarse arrastrar por sus obsesiones, por unos temas que se han ido sedimentando a lo largo de sus películas formando una costra llena de sentimientos entre personas, deseos, luchas de sexos, vínculos familiares, en definitiva, de relaciones humanas observadas bajo un microscopio que pocas veces como en esta ocasión muestra a un director conciso y sin distracciones (croquetas aparte) para recrear una historia que en ese límite entre lo extremo y lo surreal puede llegar a tocarse con lo que puede ser real.
En definitiva, la historia de ‘La piel que habito’, es la historia de una obsesión, pero también la de la búsqueda de una expiación, de una carga sobre la mente que tan frágilmente puede quebrarse por las circunstancias de la vida. En ese papel que borda un extraordinario Antonio Banderas se reconocen aquellos elegantes malvados hitchcocknianos, perversos muchos de ellos, aunque sin alcanzar los extremos en los que sitúa el director manchego al actor. Frente a él, Elena Anaya emerge como esa obsesión con la que busca recuperar el tiempo pasado y las duras ausencias, un animal encerrado en el que ir penando culpas y aliviando dolores. Con ellos Almodóvar es capaz de crear el ambiente de un laboratorio humano, de reconstrucción de un ser a partir de una serie de giros en un guión en el cual las piezas se van encajando con una absoluta maestría, y donde se ve el trabajo que hay detrás de la elaboración de cada una de sus películas. Trabajos que pueden gustar más o menos, recibir diferentes tipos de críticas, pero a los que no se les puede negar su carácter de singularidad dentro de nuestra cinematografía. ‘La piel que habito’ no deja de ser un paso más en la evolución de Pedro Almodóvar, un paso que tiende a una mayor seriedad, a una circunspección de la historia que cada vez más se evade de aquella comedia que nos aproximaba más a su cine, perdiendo, se podría decir, el contacto con la realidad, para mostrarse como un frío reducto al que no es fácil acceder, pero sí que debe ser contemplado como un efectivo ejercicio visual y narrativo donde todo está perfectamente estudiado y no se deja ningún cable suelto, bueno sí, el último, el que remata con ese plano en una tienda de moda en Compostela, donde más que cerrarse una película se abre otra historia, quizás la próxima película en el universo Almodóvar.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/09/2011
Imagen: Pedro Almodóvar durante un instante del rodaje de 'La piel que habito' en Santiago de Compostela (AGN)

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