lunes, 18 de julio de 2011

Fábulas de color

El verano en Cambados se llena de un nuevo color que sumar al dorado de sus albariños o al luminoso azul de un mar que lo acaricia de manera permanente. La galería Borrón 4 acoge durante los próximos días una muestra en la que Manolo Dimas asume el valor del color como celebración del hecho pictórico. Exaltación de una manera de entender la pintura que fructifica en un conjunto de obras que plantean un nuevo recorrido en la obra del autor mediante un goteo que salpica cada una de las superficies para convertirse en una rítmica explosión festiva. 



Si podemos apreciar una virtud en cualquier creador, sea este artista plástico o no, es su capacidad para fabular, para generar un universo paralelo a nuestra, por lo habitual, monótona y previsible existencia. Manolo Dimas nos cita de nuevo ante esa singularidad del artista, la posiblidad de trasladarnos a otro universo y situarnos así ante una realidad paralela a la nuestra.
En esta ocasión, la cambadesa galería Borrón 4 nos muestra el trabajo de este profesor de la pontevedresa Facultad de Belas Artes, además de creador con una larga y más que fiable trayectoria en disciplinas como la pintura y el grabado. En la muestra se combinan dos tipos de obras, por un lado varias piezas realizadas en tinta china y carboncillo, ya conocidas de anteriores muestras, junto a las que asoman un conjunto de nuevos trabajos surgidos este año del taller y la mente del artista. Un camino nuevo de exploración sustentado sobre un color que estalla sobre la superficie de todas estas obras.
Si en la pintura de Manolo Dimas el color posee siempre un protagonismo esencial, esta nueva perspectiva aquí abierta reafirma esa condición. Todas esas ‘salpicaduras’ convierten cada una de las piezas en una celebración dionisíaca, en una exaltación del color como elemento imprescindible del trabajo del pintor. La sublimación de aquella ‘joie de vivre’, con Matisse como exultante comunicador visual, viene siendo recurrente en el trabajo de nuestro protagonista, desde su aparición en aquellos felices ochenta donde la pintura reasumió su función expresiva dentro de un contexto artístico que había perdido la confianza en esta técnica.
Desde aquel tiempo viene Manolo Dimas reafirmando el valor del pintura como género y como valor insobornable en el campo creativo, por encima de modas o tendencias, tantas veces artificiosas en relación con el hecho artístico. Su defensa de esta disciplina se realiza desde el ejercicio, desde el planteamiento de un trabajo que conecta su tiempo con la pintura, porque la pintura necesita del pasado para regenerarse, para hacerse consistencia ante los embates que el progreso le hace sufrir, pero también de un presente que vaya acuñando las formas de su tiempo surgidas de los nuevos medios de representación. Manolo Dimas hará del conocimiento de otros pintores, la visita a exposiciones y la constante alimentación a partir de la visión de la buena pintura (¡qué importante es este matiz!) el motor de una obra en constante evolución desde unos planteamientos irrenunciables, como son el color y una imagen icónica y reflexiva, surgida de nuestra sociedad actual y que se irá sincronizando con la perspectiva de los más grandes: Picasso, Matisse y el mundo Fauve.

‘Dripping’| Se asume desde esta muestra una nueva forma de representación, capaz de transmitir e incidir en esa exaltación de la vida y en la consagración de una felicidad interpretada por sus personajes, esos mismos que habitan un mundo de fábula, donde animales y seres humanos conviven en su universo de fantasía. Un efervescente ‘dripping’ que llena de ritmo cada una de estas superficies convertidas de esta manera en ventanas abiertas  hacia un lugar de evasión. Plácidas y terapéuticas miradas, como las que nos puede provocar esa joven ante un cervatillo en su obra ‘Plen air’, reinterpretación de un tema habitual en el ámbito pictórico, al que Manolo Dimas es capaz de conceder un plus de modernidad, a partir de una economía de medios que hace su obra más directa, y limitando la distancia, tan amplia en ocasiones, entre obra y espectador.
La figura de la mujer se repite en varias de sus nuevas piezas, mujeres entre lecturas, mujeres como modelo para el artista, mujeres sobre el lomo de una avestruz, en definitiva, una sensualidad femenina que bebe de la misma fuente que su intención colorística, y posibilita que esas fábulas se interpreten como una bacanal de los sentidos que permite a creador y espectador disfrutar de la pintura como exaltación de los placeres de la vida. Manolo Dimas consagra su trabajo a ese lúdico valor, esencial en la pintura, y que tantos olvidan, bajo desleales y autoengañosos postulados, reinvindicando la pintura como un universo de fábula.


Publicado en Diario de Pontevedra 17/07/2011

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