martes, 19 de julio de 2011

El creador total

CLÁSICOS PARA UN VERANO (III). Charles Chaplin iba madurando su estilo. Asentando una forma de hacer cine que iba dejando de lado la simple comicidad para irse tiñendo de compromiso, ironía y una ternura como muy pocos fueron quien de alcanzar. Con ‘Tiempos modernos’ Charles Chaplin seguía rebelándose ante el cine sonoro, un enfrentamiento que nunca podría ganar pero que él entendía debía seguir manteniendo. La sociedad cada vez se llenaba de ruidos, pero él asumió su silencio.



Este menudo hombre comprometido con una manera de entender el cine que iba más allá de una simple imagen es uno de los cuatro o cinco genios más grandes de la historia del arte del siglo pasado. Junto a Picasso, Le Corbusier o Faulkner, la figura de Charles Chaplin se evidencia como uno de esos artistas trascendentales en cada uno de sus ecosistemas creativos, siendo capaces de alcanzar una incontestable cima de genialidad.
Títulos como ‘Una mujer de París’, ‘La quimera del oro’, ‘El circo’, ‘Luces de la ciudad’, ‘Tiempos Modernos’, ‘El gran dictador’, ‘Candilejas’ o ‘Mr. Verdoux’ bastarían para continuar llenando de alabanzas su obra, pero no debemos olvidar sus décadas iniciales en trabajos que fueron configurando el propio lenguaje del cine, inventando y generando nuevas formas de expresión. Estas ocho obras maestras del cine fueron concebidas bajo el mítico sello de la United Artists, productora que él mismo creara junto a las grandes estrellas Douglas Fairbanks, Mary Pickford y el director David W. Griffith en 1919. Y es que en Chaplin se reune esa condición del artista total, tan excepcional en el mundo del cine, capaz de financiar sus propios proyectos, para dentro de ellos asumir, desde la dirección hasta la interpretación, pasando por el guión o la música.

Un nuevo tiempo |Desde 1927 el cine se había adentrado en el mundo del sonoro. Chaplin renegaba de un sonido que limitaba, en su opinión, el efecto que la imagen podía tener en el espectador, resistiéndose a formar parte de ese nuevo tiempo. Con ‘Tiempos modernos’ el genio del bombín juguetea con la presencia del sonido y éste sólo se escucha con las órdenes del empresario en las que hace aumentar el ritmo de una cadena de producción, al igual que en la parte final de la película, cuando el protagonista debe cantar y el sonido parece negarse a salir de su boca. Guiños al sonido, pero también a ese tiempo nuevo que en América superaba la inocencia de los años veinte y tras la crisis del 29 situaba en su límite vital al ser humano. El hombre sometido al trabajo, a la tiranía de las empresas, a un mundo de ruidos, coches, grandes ciudades, movimientos de personas que van arrinconando al ser humano hasta el punto de ser capaces de triturar al hombre y tragárselo en esa inmortal secuencia en la que Chaplin se ve engullido por la máquina. El trabajo, tan necesario, es el que hace caer en la locura a Chaplin, pero también es el que hace que la protagonista, una hermosísima Paulette Godard (una de sus esposas en la vida real), pierda a su padre y a sus hermanas, llevadas al hospicio. La sociedad contra el individuo, esa misma sociedad que se pone en contra de los protagonistas, les impide ser felices, cuando la felicidad se resume en estar juntos, en un trabajo y sobre todo en vivir en una casa. Toda la película se sustenta entre la realidad del mundo laboral, que acuciaba a los americanos, con huelgas, despidos y falta de trabajo, y la relación de amor del protagonista que le otorga a la cinta ese punto de ternura que caracteriza al cine de Chaplin.

Persecución |Pero de nuevo es en el terreno del gag donde ofrece lo mejor de sí, y si en cada película permanecen en el recuerdo algunas secuencias, en ‘Tiempos modernos’ se encierran algunos de los mejores. Su participación en la cadena de montaje, su paso por el interior de la maquinaria, cuando se le confunde con el líder de una manifestación, el ‘aliño’ de su comida en la prisión, el patinaje con los ojos vendados en el interior de unos grandes almacenes, o su trabajo como camarero en un restaurante, están, sin duda, entre los mejores gags de su filmografía.
'Tiempos modernos' abría una etapa compleja dentro de su cine, éste se hace más comprometido y busca analizar o mostrar una postura del creador ante la sociedad en que está inmerso. Por esta película se le acusó de comunista, lo que comenzó a hacer de Chaplin objeto de los censores e inquisidores del cine americano, hasta el punto de acosarle para abandonar los Estados Unidos; tras esta película, 'El gran dictador' se burlaba y alertaba del nazismo que emergía en Europa y con ‘Monsieur Verdoux’ el capitalismo y sus consecuencias fueron el objeto de su análisis. Lejos quedaban aquellas películas básicamente cómicas, las ideas progresistas que afloraron desde siempre en sus trabajos se fueron haciendo más ácidas ante lo que ocurría en el mundo y que a Chaplin era más que evidente que no era de su agrado. Acusado de 'antiamericano' por el Comité de Actividades Antiestadounidenses: "su vida en Hollywood contribuye a destruir la fibra moral de América", se llegó a decir desde este organismo. Desde 1953 residió en Suiza, hasta su muerte en 1977, y su cine cargado de humanismo y de defensa del hombre a partir de la ternura, la ironía y el humor, se erigió en su testamento vital. Sus finales, con ese vagabundo errante caminando de espaldas hacia el infinito, mudaron en esta película. Como tantas cosas cambiaron con ‘Tiempos modernos’, entre ellas, el no estar solo.





Tiempos modernos, 1936
Blanco y negro.
Director: Charles Chaplin.
Guión: Charles Chaplin.
Fotografía: Rollie Totheroh, Ira Morgan.
Producción: United Artists.
Dirección artística: Charles Chaplin.
Música: Charles Chaplin.
Duración aproximada: 83 minutos.
Estreno: 5 de febrero de 1936
Intérpretes: Charles Chaplin, Paulette Godard, Henry Bergman, Chester Conklin, Lloyd Ingraham.
Argumento: Con la revolución industrial un obrero pierde su trabajo al no poder adaptarse al proceso automático de producción. Presionado por encontrarse en las filas del desempleo, y su paso por la cárcel debido a un error, conocerá a una joven abandonada en las calles y juntos irán en busca de la felicidad y un sueldo. En el camino se encontrarán con diferentes percances que no les pondrán nada fácil las cosas. Al final Chaplin marchará de la mano de su amada, en un final atípico en su obra, pero lleno de confianza en el ser humano.



Publicado en Diario de Pontevedra 17/07/2011

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