martes, 14 de junio de 2011

Terapia




No me pregunten el porqué, quizás no tenga espacio suficiente en esta columna para ofrecerles respuestas, pero la verdad es que cada cierto tiempo tengo que refugiarme en su cine. Un bálsamo para la felicidad y la estabilidad emocional. Yo, si me lo permiten, se lo recomiendo fervientemente. Si no pueden de manera semanal, por lo menos cada quince días sigan este gozoso tratamiento de forma fiel: un día ‘El chico’, otro, ‘La quimera del oro’, sigan con, ‘Luces de la ciudad’, ‘Candilejas’ o ‘Tiempos Modernos’, y no se olviden de ‘El gran dictador’, ‘Una mujer de París’ o ‘Monsieur Verdoux’. Nadie ha creado nunca fármacos contra el dolor más efectivos, una terapia que les hará sentirse mejor y les permitirá olvidarse durante su metraje de las fatiguitas de esta perra vida. Aquel mundo de blanco y negro, de emociones contenidas, sonrisas inteligentes, grandiosos silencios y gags inolvidables, es de lo mejor que ha dispuesto la vida ante nosotros, no disfrutarlo, no aprovecharse de ese paraíso de sensaciones sería imperdonable, se lo aseguro. La mejor evasión para encarar con fuerzas nuestra cotidianeidad, para hacer del sentimiento valor y de la inteligencia el sustento para seguir respirando. Hoy volveré a llorar, volveré a reír viendo cómo ese personaje desgarbado e inofensivo le compra una flor a una joven ciega. Hoy volveré a ser feliz gracias a Charles Chaplin.

Publicado en Diario de Pontevedra 13/06/2011 

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