jueves, 26 de mayo de 2011

El león en la esquina



Entro en la redacción y al final de un espacio repleto de mesas y ordenadores diviso al león en su refugio, la esquina donde Manuel Jabois ha creado su guarida. A su alrededor se apilan los deshechos que produce el trabajo periodístico, esqueletos de la vida que, tras ser mordisqueados por la bestia, se van retirando para dejar sitio a nuevas víctimas. Es temprano todavía, una hora inútil para un periodista, aunque algún abogado ya se haya ganado el sustento diario, el león comienza a sacudirse las legañas del día anterior y se relame cuidadosamente buscando el motivo que le impulse en la nueva jornada. Prensa, libros, internet, conversaciones, mails, redes sociales... todo es susceptible de ser devorado, de ser mascullado mediante una lenta y pesada digestión que durante todo el día le llevará a estar en su rincón, al principio solo, sin luces, a la sombra de la actualidad, reposando el festín de ayer, pensando en el de hoy y deseando el de mañana. En esa esquina, caverna donde el día se va pasando, las palabras comienzan a conjugarse en su cabeza, para en el momento más inesperado salir al exterior. Él mismo dice que escribe como orina, en sus palabras, como mea, pero dentro de su querida y necesaria escatología, prefiero decir que vomita las palabras de manera violenta, como aquella estación por la que un día pasó y ahora desea olvidar. Violenta en el gesto, en la interpretación de la noticia o aquello que motive esa virulencia. A Jabois las noticias son lo que menos le importa, alrededor de ellas es donde está el verdadero periodismo, el foco donde poner la atención y comenzar la danza macabra que el depredador suele realizar ante su víctima. Movimientos instintivos hacia un lado, hacia el otro, medir la distancia, calibrar el resultado, valorar la necesidad del esfuerzo. Una vez iniciado este proceso se convierte ya en irreversible. ‘Irse a Madrid y otras columnas’, es el resultado de esos festines, de esas pantagruélicas comilonas que desde su esquina le proporciona este mundo por el que desfila Manuel Jabois con descaro y desafío. Sus zarpas, disfrazadas de palabras, van limando todo aquello que se encuentra alrededor del hueso, desgarrando la carne y acumulando los restos en una montaña que da lugar a un conjunto de artículos que hoy nos ofrecen una digestión tan pesada para él como ligera para nosotros. Si vais por allí le veréis lamiéndose ante un nuevo día lleno de víctimas.


Publicado en Diario de Pontevedra 26/05/2011
Fotografía de Rafa Estévez

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