lunes, 9 de mayo de 2011

Cincuenta años sin el héroe americano

El 13 de mayo de 1961 Hollywood perdía a una de sus mayores estrellas. El símbolo de una época que comenzaba a desmoronarse ante el empuje del medio televisivo y la renovación de los planteamientos cinematográficos. La muerte de Gary Cooper dejaba al cine clásico sin uno de sus héroes, el hombre al que Frank Capra idealizó como el referente masculino de la sociedad americana en ‘Juan Nadie’ o el héroe solitario que Fred Zinnemann acuñó en ‘Sólo ante el peligro’. La editorial T&B publica la biografía ‘Gary Cooper. El héroe americano’.


Enfundado en la indumentaria de un jugador beisbol, ‘El orgullo de los Yanquies’; impartiendo justicia bajo un sombrero del Oeste, ‘Solo ante el peligro’; portando una gabardina para encarnar al ciudadano afectado por las consecuencias del crack del 29, ‘Juan Nadie’; o en España, batiéndose por la República ‘¿Por quién doblan las campanas?’. Cada vez que Gary Cooper asomaba por la pantalla, algo se agitaba en el corazón del espectador americano que veía en el actor la prolongación de su espíritu. Una identificación total con ese héroe sin tacha que otros actores como James Stewart o Gregory Peck también simbolizaron. Cuando Gary Cooper falleció con 60 años se visualizó el final de ese Hollywood clásico en el que actores como él o Humprey Bogart, fallecido cuatro años antes, había dejado impreso una manera de actuar, de comportarse ante la cámara, de moverse dentro del cuadro, hasta convertirse en la mejor representación del sistema de estudios. Estrellas en toda su dimensión que trascendían a la imagen para convertirse en algo más, en emblemas de la propia sociedad norteamericana.
Con motivo de este aniversario, la editorial T&B pone en el mercado ‘Gary Cooper. El héroe americano’, una producción realizada por Jeffrey Meyers asesorado por la única hija del actor, que permitirá recorrer no solo el ámbito cinematográfico sino su entorno más personal. Anécdotas, como su presencia en España y la inevitable bajada al ruedo junto a Luis Miguel Dominguín para sentir “un miedo que nunca había experimentado”, o su encuentro con Picasso, al que regaló un sombrero y un revólver Colt del 45, conviven con lo que fue su exitosa carrera cinematográfica iniciada tras participar en pequeñas producciones, en la Metro Goldwyn Mayer en 1926 con un papel en la película de Henry King ‘Flor del desierto’. La consagración llegó un año después con un título ya mítico, ‘Alas’, de William Welman, éxito dentro y fuera de las pantallas al seducir a la protagonista Clara Bow. Un romance que multiplica el valor de su imagen dentro del incipiente star-system. ‘El virginiano’, ‘Marruecos’ o ‘Tres lanceros bengalíes’ lo convierten en uno de los actores más destacados. Su porte, de gran estatura, sobriedad interpretativa y naturalidad le permiten amoldarse a un prototipo de personaje. Los mejores directores deseaban contar con él y vincularlo a las mejores actrices, así, con Howard Hawks y Barbara Stanwyck, participa en ‘Bola de fuego’; con Ingrid Bergman y Sam Wood en ‘¿Por quién doblan las campanas?’; con Fred Zinnemann y Grace Kelly en ‘Solo ante el peligro’; con Ernest Lubitsch y Claudette Colbert en ‘La octava mujer de barba azul’... para conformar una de las filmografías más destacadas, con no solo una larga lista de títulos, sino con trabajos que fueron de primer nivel.
50 años después asomarse a cualquiera de las intepretaciones de Gary Cooper significa recuperar una época, un dorado espacio que acuñó el mejor cine de la historia y donde los actores desempeñaban una función esencial. Un gancho mediático que les convirtió en referencia dentro de un entramado que llenó de sueños e ilusiones al mundo entero. Gary Cooper sigue vivo gracias a todas esas películas, como el gran héroe, como ese sheriff al que solo el lento paso del tiempo separaba de hacer justicia. Ahora el tiempo le ha hecho justicia a él.

Publicado en Diario de Pontevedra 8/05/2011

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