jueves, 24 de marzo de 2011

Y también fue una gran actriz




Acostumbrado Hollywood a crear mitos, a fortalecer a sus figuras muchas veces alejándolas de la gran pantalla, la de Elizabeth Taylor es quizás la máxima expresión del star-system, de la mujer que arrastraba masas mediáticas tras su halo de glamour y deseo. Cierto es que ella misma hizo mucho por ello, sus tormentosas relaciones sentimentales o sus desplantes a directores y actores fueron cimentando, en torno a su espectacular belleza, la figura de una mujer que se imponía a sus personajes. Pero hoy debemos recordar que además de todo eso, también fue una gran actriz
Cuando uno es capaz de sortear las curvas de su cuerpo y se fija durante unos instantes en varias de sus interpretaciones es cuando surge la actriz, la de las dulces miradas de ‘Ivanhoe’ (1952), la de ña confirmación en ‘Gigante’ (1956), la tórridez de ‘La gata sobre el tejado de zinc’ (1958), el tormento en ‘De repente el último verano’ (1959), la oscarizada ‘Una mujer marcada’ (1960), la estrella del millón de dólares en ‘Cleopatra’ (1963), o el que dicen fue su mejor trabajo en ‘Quién teme a Virginia Woolf’ (1966). Sólo este ramillete de películas sirve ya para instalar a Elizabeth Taylor en lo más alto de la historia del cine, una cumbre a la que apuntó de manera firme desde sus primeros trabajos. Niña prodigio en la meca del cine y mujer antes de tiempo, rápidamente aprendió a rodearse de los mejores directores, con Joseph L. Manckiewicz rozó la perfección en ‘De repente del último verano’ por la que le ‘dieron’ el Oscar, pero curiosamente todo ello sucedió en la gala del año siguiente por una interpretación claramente menor realizada en ‘Una mujer marcada’. Una deuda saldada por aquella portentosa interpretación anterior que además le valió para repetir cuatro años más tarde con el mismo director, que no tardó mucho en arrepentirse por haber llamado a la actriz para la fastuosa producción ‘Cleopatra’. El canto de cisne del Hollywood clásico y donde la actriz podía simbolizar mejor que ninguna otra el fin de una época, por ello fue la primera que cobró un millón de dólares por su interpretación, mostrando su necesaria presencia para levantar un proyecto maldito desde sus comienzos. Esos años cincuenta fueron los de su mayor éxito cinematográfico, años en los que la actriz se impuso al mito, en los que el trabajo actoral la situó por ley propia por encima de todo lo que la rodeaba y a lo que logró sobrevivir hasta hace unos horas, y todo ello porque además fue una gran actriz.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/03/2011
En la imagen Elizabeth Taylor en 'De repente el último verano' (Joseph L. Manckiewicz, 1959)

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