lunes, 21 de marzo de 2011

Suspiros de Japón




Mientras los japoneses contienen la respiración ante su incierto futuro debido a esa rebelión de la naturaleza a la que tanto esfuerzo y veneración han dedicado, cinco de ellos, junto a un artista de procedencia koreana traen a nuestra ciudad su arte. Su forma de metaforizar en imágenes su relación con la realidad. No cabe duda, al situarse entre todas estas obras, que de todas ellas emana esa sensibilidad y capacidad de sugerir que distingue al arte oriental. Todos ellos coinciden en plantear un arte sensible, donde lo sugerido se impone a la visualización de una realidad concreta. Es un arte que te obliga a crear tu propia imagen, a pensar lo que hay detrás de esas delicadezas. Porque pocas tradiciones culturales son tan capaces de mostrar más con menos, de sintetizar en una especie de haikus visuales todo un conjunto de sensaciones.
Norio Kajiura es quien más se acerca a lo sígnico, sus juegos con las letras vocales transmiten pureza y sinceridad; Takahi Hasegawa crea un jardín sobre la pared a través de unos pequeños hierros; Shinya Sakurai transmite alegría a través del color y de sus pequeños corazones que recorren sus lienzos; Yoshimi Ikemoto llena unas vitrinas con papeles recortados, una sugerente representación llena de efectividad, a través de elementos tan simples como el papel que es quien de tomar un nuevo protagonismo como obra de arte; Shin-duk Kang, de Korea, nos transmite su creación desde telas coloridas, un collage de colores que se completa con unos dibujos sobre seda; y Toshiro Yamaguchi, hace llegar a nosotros unas tablillas, una suerte de restos de un naufragio en los que la memoria adhiere, desde el color y la textura, el rastro de la existencia, de la fragilidad del ser humano.
Todos ellos son capaces de generar esa atmósfera a la que nos referíamos al principio de este comentario, una plasmación de esa espiritualidad que caracteriza a aquella cultura que durante estos días sufre una dura prueba de resistencia. Esa alma zen, participa de manera activa en esta muestra y nuestra visita a ella puede servir para, mediante el arte, concienciarnos del carácter japonés, de su forma de aproximarse a su entorno y de responder ante la vida. Respuestas son precisamente las que se buscan desde Japón, quizás el arte sirva también para alcanzar alguna de ellas, o por lo menos genere el caldo de cultivo necesario para propiciar esa búsqueda. Los protagonistas de esta muestra, cuando crearon las piezas que integran la exposición no se podían imaginar lo que el tiempo les iba a deparar. Ahora que ese futuro ya está aquí, sirva su trabajo de emocionado y solidario recuerdo con quienes sufren el castigo de una naturaleza tan libre como caprichosa.
El arte como terapia, como bálsamo ante la excepcionalidad de la vida, pero también como refugio que calma y apacigua miedos y desgracias. Acercarse a la Galería Sargadelos nos va a permitir entender mejor las miradas de una sociedad que tantos ejemplos nos está ofreciendo.´



Publicado en Diario de Pontevedra 20-03-2011
Fotografía: Rafa Fariña

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