domingo, 13 de febrero de 2011

Sillas




Solo una cultura como la gallega es capaz de generar tantos episodios esperpénticos en torno a una silla. Hace unos meses toda España miraba hacia un ‘curuto’ de Moaña donde apareció, cual milagro mariano, una silla gigante. Hasta allí no dudaron en peregrinar vecinos, periodistas y hasta comisarios artísticos para arrodillarse ante el nuevo hito de la posmodernidad galaica. Los adoradores de objetos tienen ya un nuevo templo al que procesionar. El mobiliario elegido para dar servicio a la nueva sede del Concello de Pontevedra sube a los altares de lo grotesco mecido por la socorrida demagogia del gasto en tiempos de crisis, gracias a una oposición que convierte este hecho en su gran preocupación de cara al debate electoral, dejando las ideas arrinconadas entre muebles apolillados y el trineo de Charles Foster Kane en el sótano del edificio de Sesmeros. Mal pintan las cosas cuando el debate radica en poner en evidencia el coste de sillas, mesas y manubrios tras décadas y décadas de gasto cero. Una oposición de cachiporra que, como aquellos títeres que solo buscaban aporrear al guiñol de turno sin más pretensión que buscar unas cuantas risas, no parece haber logrado más que unas muecas de sonrojo, incluso entre su grey, tras ver cómo algo necesario para la imagen de un Concello y sus ciudadanos sirve para justificar lo que debería ser una oposición seria y constructiva.


Publicado en Diario de Pontevedra 12/02/2010

1 comentario:

  1. Tristeza, sólo tristeza me produce tan gran ridículo. No saben hacer oposición en temas de profundidad, esto de las sillas es de llorar. En fin, buena entrada y lo que dices tú, no hay ideas. Yo voto como recuerdo de Pontevedra una... silla...!

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