viernes, 18 de febrero de 2011

Cine de ley



Hay películas que en sí mismas justifican la existencia del cine y su proyección en una pantalla grande, por encima de nuevos soportes que, ni por asomo, permiten que resalten las cualidades estéticas que la proyección cinematográfica ofrece, cuestión aparte es el negocio, pero yo no estoy aquí para hablarles de negocio, sino de arte, y de arte con mayúsculas, de una película que viene a poner de manifiesto que ningún género se puede comparar con el western a la hora de exaltar las virtudes cinematográficas.
‘Valor de ley’, dirigida por lo hermanos Coen, se hunde en las raíces del western, apartándose de la anterior versión que de la novela de Charles Portis realizara Henry Hathaway, para presentarnos una obra maestra. Pureza a raudales para reivindicar el sentido del western en la historia del cine, un cine de valores, de compromiso con el ser humano por encima de un ambiente sórdido y asfixiante. Lejos de ampararse en salones o en hoteles, los hermanos Coen buscan el exterior, la naturaleza como lugar donde desarrollar la acción que surge tras la muerte del padre de una niña que decide contratar a un cazarrecompensas para encontrar al asesino, a ellos se les unirá un marshall de Texas en un viaje de redención y de exploración personal. Surge así una road-movie, lugar en el que los directores se encuentran muy cómodos: ‘Arizona baby’, ‘O brother’ o ‘No es país para viejos’, así lo confirman, y a la vista está que ningún lugar es tan apropiado para conocerse más a sí mismo y al prójimo que al resguardo de la lumbre  en una fría noche rodeado por una cuerda para prevenir la llegada de una serpiente. Así es el oeste, lleno de riesgos, pero donde siempre será más peligroso un hombre armado capaz de segar una vida por una moneda de oro, o dos. Durante este trayecto el veterano cazarrecompensas, un Jeff Bridges monumental, que entra por la puerta grande de los antihéroes del western, convive con el fin de sus días, remate de una época que un día se llenó de grandeza e ilusiones y que ahora se mueve entre asesinos a sueldo, disparos por la espalda y sucios personajes. Ese mismo mundo que se agota es el que se revela ante una niña, llena de carácter y valor, haciéndole descubrir cual es la realidad en la que le va a tocar desarrollar su vida. Los hermanos Coen no renuncian, insertos en los códigos del western, a una ristra de personajes que sólo ellos pueden crear y que han salpicado todas sus películas de extraordinarios e inolvidables secundarios a los que el agreste territorio del Oeste presenta innumerables posibilidades para su caracterización, como tampoco rechazan el humor ácido y los electrizantes diálogos a los que nos tienen acostumbrados. Evidentemente el salto de diferencia con otras de sus películas, es la adaptación a los cánones del género y ahí es donde los hermanos Coen sitúan su western muy cerca del mejor hacedor, de ese genio supremo del cine que hizo de sus obras un subgénero dentro del género: John Ford. Por la película caminan junto a ellos pellizcos de títulos como ‘Dos cabalgan juntos’, ‘Centauros del desierto’ o ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, películas canónicas donde trasciende el sentido del tiempo, ese tiempo que se nos escapa, de la amistad y los vínculos entre las personas, que los Coen han sabido integrar en su relato para hacernos pasar cien minutos conmovedores llenos de épica y lirismo.

Publicado en Diario de Pontevedra 18/02/2011

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