lunes, 31 de enero de 2011

Colección Zanchi: el arte eterno




Sentir un escalofrío ante su presencia, notar cómo el vello se eriza, es parte de lo que logran estas obras llamadas ya para pertenecer a eso tan complejo llamado eternidad. Recorrer la majestuosa instalación que Novacaixagalicia ha dispuesto en Vigo con esta Colección Zanchi supone encontrarse frente a frente con varios mitos de la pintura, la gran pintura que desde el Renacimiento hasta el Romanticismo impregnó Europa de las calidades de los nombres de pintores que compusieron el arte de distintas épocas y territorios. Ninguna obra desmerece del resto, cada cuadro es un tratado por sí mismo de pintura, evidentemente dentro de esa galería cada uno tendrá sus favoritos, pintores ante los cuales emocionarse, ante los que encontrarse para saber en realidad que sus obras no son una pequeña fotografía en un libro de texto o en un catálogo, sino que son cuadros que no dejan un segundo de impactarte o de emocionarte. Así sucede con Mantegna, y su pequeño ‘cuadrito’ (casi todos los son en su obra) que muchos ignoran mientras asisten extasiados a la monumentalidad del ‘Descendimiento de Rubens’, o al impactante ‘Cristo’ de Tiziano, pero allí está aquella Virgen cogiendo en brazos plena de dulzura a su hijo mientras un paisaje se pierde al fondo. Algo similar sucede en el Prado con otro de sus pequeños cuadros, pero descomunales en cuanto a su resultado final, su ‘Traslación de la Virgen’, aparece difuminada entre las magnificencias Velazqueñas o los cuadros que habitualmente aparecen en las postales. Pero él aguanta allí, evidenciando aquel tiempo en que se comenzaba a hacer de la pintura trampolín para superar el pasado. Volvemos a la exposición de Vigo y tras Mantegna o Durero, es el turno de Tiziano, el mejor pintor que tuvo la Venecia del Renacimiento, lo cual es decir mucho. Vermellones imposibles, retratos que no sólo representaban al protagonista, sino que desnudaban su personalidad ante el espectador. El Cristo que aquí se muestra es impactante. Tras él, Tintoretto, otro magnífico retratista también forjado en la suntuosidad veneciana, y entre ambos, Parmigianino, con sus figuras de cuellos alargados, como la Virgen que aquí se presenta, evocación del ‘Manierismo’ que planteaba el fin de un tiempo que sería ya irrepetible, anunciando la llegada del Barroco. Hora de Pedro Pablo Rubens con varias obras en la muestra entre las que destaca su ‘Descendimiento’, una especie de ensayo, perfectamente rematado, del gran altar que le fue encargado por la Cofradía de Arcabuceros de Amberes para el nuevo retablo de su capilla. Un ‘modello’ que luego traspasar a una escala mucho mayor, pero que es todo un tratado de color, de colocación de las figuras, de ritmo, de tratamiento del cuerpo humano, en definitiva una obra de un tiempo nuevo al que acompañarían otros artistas, como Caravaggio, que con la obra que aquí se presenta, ‘La incredulidad de Santo Tomás’, alcanza ese misterio insondable de la pintura que permite capturar una atmósfera, hacer de un instante un momento eterno, jugar con la luz, y hasta con nosotros mismos. Entre ambos maestros otros que no lo son menos, Ribera, Murillo, Van Dyck, Jordaens, para desembocar en Turner. Otra puerta se abría con el pintor británico, la naturaleza reclama protagonismo sobre el hombre, los efectos de la luz se imponen, en definitiva, la pintura subía un peldaño más hacia la eternidad.


Publicado en Diario de Pontevedra 30/01/2011

1 comentario:

  1. "Sentir un escalofrío ante su presencia, notar cómo el vello se eriza..." Qué curioso es leer todo esto ahora que sabemos que todos aquellos cuadros no eran más que burdas falsificaciones.

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