martes, 25 de enero de 2011

Arte en tiempos de crisis

La sala de exposiciones de la Xunta de Galicia en su edificio administrativo de Campolongo acoge hasta el próximo 27 de enero la obra de Francisco Lorente, arquitecto enfrascado desde hace un tiempo en sondear los caminos, tantas veces inciertos como fructíferos de la pintura, para encontrar otra forma de expresión. Tanto la arquitectura como la pintura sirven para la expresión individual y la visualización de una sociedad de la que somos parte. Nunca hasta ahora este compromiso había sido tan explícito por parte del autor. 




Tiempos de crisis. Lamentos continuos, crujir de dientes, cabezas gachas. Parece que todo esto es lo que nos ha tocado vivir por culpa de los manipuladores del capital, de aquellos que con sus jugueteos económicos son capaces de influir en las vidas de millones de personas. ¿Pero qué ocurriría si en vez de enfangarnos en la autoinculpación, en lugar de sentirnos abrumados por esta situación, intentamos extraer de ella algo positivo? Parece ser esta la apuesta principal de Francisco Lorente en la exposición que nos presenta en la Sala de Exposiciones de la Xunta de Galicia en Pontevedra, en la que conviven, o mejor dicho en la que se imponen, junto a sus tradicionales trabajos relacionados con aspectos intrínsecos de la realidad gallega, planteados desde unas formas llenas de dinamismo y un abrumador ejercicio de color, de una manera apabullante un nuevo tipo de obra. Son estas obras las que presentan a un artista que ha dado un paso más en su trayectoria, quizás un salto al vacío entre las arquitecturas de su arte, al igual que sucede con varias de las figuras de sus cuadros, donde esos perfiles anónimos, desnudos, reflejos de una colectividad angustiada e incapaz de comprender este nuevo mundo, se sitúan en unos ambientes duros y ásperos. No ha debido de ser fácil para el artista generar este mundo, escapar de esos amarillos contagiosos de alegría, efervescentes dentro del lienzo, para caer en esos infiernos rojizos que convulsionan al ser humano hasta el extremo. Pues una vez  allí y, gracias al arte, no todo parece tan malo. Francisco Lorente es capaz de generar esa inquietud que transmiten sus cuadros y sus figuras, para crear una dimensión desde la que enfrentarnos a este mundo en crisis, en permanente convulsión. Relojes que nos atrapan, perspectivas que nos arrojan a un vacío de inciertas consecuencias, colores asfixiantes, atmósferas que nos sitúan ante nuestras propias dudas, un espejo ante el que mirarnos y ante el que Francisco Lorente no duda en situarnos. Es, precisamente, esta implicación del visitante en su obra su gran aporte en esa exposición, ese contundente paso que se aleja del costumbrismo poco más que ornamental y estético para posicionarse en lo social desde el argumento pictórico. Que nos haga compartir ese estado de ánimo y no dejarnos indiferentes es una indudable progresión creativa.
El fantástico espacio expositivo de esta sala permite el contraste entre estos dos mundos, representación de nuestras propias vidas en las que, como en la pintura de Francisco Lorente, podemos hablar de un antes y un después, un tránsito que ha ido del color a la angustia, de la alegría al desánimo, en definitiva, el artista logra que esa línea divisoria que el mundo globalizado y mercantil se ha trazado sirva para crear un nuevo sendero por el que hacer transitar su pintura. Quizás, al fin y al cabo, este sea uno de los aspectos positivos que esta crisis nos ha deparado, y sea el momento, tras el impacto inicial, de seguir extrayendo consecuencias beneficiosas. Francisco Lorente ya lo ha logrado.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/01/2011

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