lunes, 29 de noviembre de 2010

La búsqueda del equilibrio


La sala de exposiciones de la Escola de Restauración de Pontevedra acoge una exposición del artista de origen austríaco Michael Mahesh. Residente en el cercano Portugal trae ante nosotros una amplia muestra de su forma de entender el arte, de aproximarse a una pintura planteada desde unas fuertes connotaciones simbólicas que buscan generar en el espectador una terapéutica sensación de equilibrio. A caballo entre la espiritualidad asiática y el paisaje occidental el artista produce una obra singular y sumamente personal. 



La conjunción de pintura y música (un cd está constantemente sonando en la sala) provoca que este artista logre, durante los minutos que el espectador pasa recorriendo su exposición, el que se origine una sensación de profunda espiritualidad y de magnetismo que nos retiene dentro de ese apacible ambiente.
Desconocido para muchos de nosotros, Michael Mahesh pertenece a lo que se llama Arte Espiritual Europeo, una forma de aproximarse a lo artístico desde una profunda interiorización de conceptos orientales, de hecho el artista ha pasado largas temporadas en zonas del Tibet, trabajando con artistas de orientación budista que claramente han influido en su trabajo con las diferentes formas de aproximación a nuestro mundo que plantea en su trabajo.
Sus visiones de los planetas, la representación de elementos naturales como los jardines, o la evocación de luces, puertas o caminos orientan su arte a una materización de esa espiritualidad y trascendencia que se encuentra detrás de muchas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría de los mortales. En sus trabajos nos encontraremos una fuerte presencia de esas cosmogonías que giran en torno al ser humano, un cosmos que en muchos casos se vertebra a partir de un sinfín de elementos simbólicos, planteamientos que liberan al lienzo de contaminaciones y lo dotan de lo esencial, de esa presencia certera en la que se encierra esa verdad revelada que lo explica todo o por lo menos lo intenta.
Esos cuadros son más cerrados y abruptos para el espectador, superficies orgánicas que se articulan en torno al gran símbolo, al tótem de la tribu, a ese disco que simboliza toda una existencia, como sucede en su ‘Revelación céltica’.
A diferentes planteamientos responden otros cuadros que nos encontramos en la muestra, entre ellos destaca una colección de paisajes de una factura estupenda, limpios y concisos, deudores en muchos casos de la influencia de la estampa japonesa que modificó muchas creaciones artísticas desde su descubrimiento en las últimas décadas del siglo XIX y que vemos se mantiene todavía vigente como arquetipo artístico. Michael Maesh equilibra así, desde una percepción formal, un lienzo que bebe entre dos aguas, las que generan esos dos grandes ríos que Oriente y Occidente crearon de forma paralela y que de vez en cuando cruzan sus cauces. Así sucede en ‘La salida de la luna’, mezcla de esa formalización del esquema japonés y una profunda connotación romántica, también en los más austeros ‘Las Rías’ o ‘Crepúsculo’, tintas planas sin gradaciones cromáticas que, muy especialmente en el segundo, logra una sensación de irrealidad por lo hermoso e inspirador de la escena. Ambas formas de acercarse a la pintura deben ser entendidas dentro de una situación reverencial a la naturaleza, a ese entorno con el que el ser humano estará en deuda permanente, no sólo por su belleza sino por la continua aniquilación que de ella hacemos.
Este panteísmo es clave para entender como Michael Mahesh hace de la pintura una eterna ofrenda dentro de la búsqueda del equilibrio. Equilibrio con la naturaleza, pero también, equilibrio consigo mismo a través de un trabajo tanto pictórico como espiritual.

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