viernes, 26 de mayo de 2017

Claribel y la alegría


Se apellida Alegría y hace poemas entre plantas que riega desde la sencillez y la contundencia de su escritura, a la que todavía se dedica con sus 93 años. La poesía suele ser silencio, «una manera de estar solo», como afirmó desde su compleja lucidez Fernando Pessoa. Claribel Alegría, nicaragüense, ha ido conformando su poesía desde que conoció a Juan Ramón Jiménez. También desde que, con 14 años, se echó a las manos las ‘Cartas a un joven poeta’ de Rilke, y entonces fue la poesía la que la agarró a ella.
Ahora llega el gran reconocimiento, más allá de la edición de sus poemas, que lo debe ser todo para el poeta. La concesión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana reivindica a esta mujer, la sexta que logra el premio frente a veinte hombres que lo han conseguido desde su creación, en 1992, lo que la sitúa como a una reina de la poesía, mucho más conocida en Sudamérica que en España. Antes de la poesía la mujer. Antes del verso la mirada frente a la vida que la sobresaltó en su infancia salvadoreña cuando asistió al asesinato de más de 30.000 indígenas. El dolor y la incomprensión del ser humano se quedaron dentro. Luego Estados Unidos y Juan Ramón Jiménez, que la acogió como discípula. España y el regreso a su Nicaragua para constituirse, junto a quien logró este mismo premio en 2012, Ernesto Cardenal, como una voz poética surgida del pueblo: «mujeres y niños recibiendo escupidas en su cara», «no soporto el relincho de los heraldos electrónicos ni el tatuaje de fuego», «campesinos con las manos atadas». Hace 20 años falleció su marido, y la soledad se hizo combustión desde la poesía, el amor que estaba y se fue se quedó en el verso, que se convirtió en salvación de aquel mundo que era amor y ahora espacio para buscarse. ‘Pasos inciertos’ (1948-2015) es la antología, prologada por Benjamín Prado, que su editor en España Chus Visor puso en el mercado para contener a la poeta que, como la vegetación que tanto ama, no deja de prolongarse en el tiempo y en el papel. El verde se hace tinta y en esta tinta nos encontramos a Nicaragua, el amor, la vida, la muerte, la esperanza y todo, como el propio editor escribió en El Mundo, tras la designación de Claribel Alegría, desde «la desnudez, la desornamentación, la profundidad que parte desde la sinceridad y el sentimiento». Y es que moverse por esas páginas es descubrir la propia esencia de la poesía, aquella que se cierra al vacío en unas pocas líneas pero que cuando se abre deja escapar una asombrosa fertilidad de contenidos que se mueven entre la luz y la sombra humana, pero siempre con un puntito de redención, de «salvación desde la poesía», como ella misma apunta que fue la poesía en diferentes momentos de su vida. «...yo descubro el sol/todos los días/y entre valles volcanes y despojos de guerra avizoro la tierra prometida». No es fácil para una mujer encontrar esa tierra prometida de la poesía, pero ella descubrió el sol cada día, su voz de mujer se abrió paso, como desgraciadamente les tocó y toca a las mujeres, desde más abajo que sus colegas hombres, pero la raíz era firme y el crecimiento imparable. Su voz se colocó al lado de Idea Vilariño, Alejandra Pizarnik, Gioconda Belli, Ida Vitale o Piedad Bonnett, entre otras, para, desde aquel territorio, gritar en el verso su condición de poetas y de mujeres que miran al mundo y que ustedes pueden descubrir, conocer y finalmente gozar en un imprescindible volumen que dos grandes poetas, jóvenes y briosas, como Raquel Lanseros y Ana Merino, han coordinado también en Visor, bajo el título ‘Poesía soy yo’.
Esa mirada ha sido felizmente reconocida, lo que no debe hacernos olvidar el arrinconamiento y el olvido. Un olvido contra el que siempre lucha el poeta, sabedor del poder cauterizador de la palabra, de su efecto regenerador en el alma y que, como un injerto, se sitúa en nosotros para ser brote, para ser futuro. Y es que cuando para Claribel Alegría el futuro se acorta de manera irremisible, ella misma no ceja en su perenne rebeldía, en hacer de la poesía, de la lectura y de sus plantas, armas de resistencia para seguir honrando a su apellido, para hacer de la felicidad el escritorio desde el que seguir consumiendo las horas, desde el que conocerse, porque hasta el final seguimos descubriéndonos.
«Salí a buscarte/atravesé valles/y montañas/surqué mares lejanos/le pregunté a las nubes/y al viento/inútil todo/inútil/dentro de mí estabas». ‘Salí a buscarte’ es precisamente uno de esos poemas de condensación extrema en el que finalmente descubrimos que nuestro interior es el gran hallazgo. Una intimidad que ha sido registrada desde la poesía, esa que ahora viene de honrar a una poeta, a una mujer heroica, resistente y sencilla.


Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 24/05/2017.
Fotografía Jorge Torres.


jueves, 25 de mayo de 2017

El grito como palabra

Rue Saint-Antoine nº 170
Poesía. La presentación en la tarde de hoy en la Casa das Campás del nuevo poemario de Manuel Pérez Lourido nos cita con una poesía que domestica el grito a través de la palabra. Que pone la caricia sobre una escritura que se adentra en el ser humano para medirlo ante el abismo, pero también para proponer un desfiladero hacia la esperanza.


Leo la poesía de Manuel Pérez Lourido como una especie de paréntesis. Un descanso en medio de la agonía del día a día, de las absurdas noticias que nos asaltan y que consiguen preocuparnos e inquietarnos, tenernos agazapados frente a tantos medios de poder, frente a tantas mediocridades. Políticos incapaces de honrar esa palabra que define su labor desde los tiempos de la Grecia clásica, de seres humanos cada vez más inhumanos y de un planeta que tiende irremisiblemente a la agonía. La poesía de MPL nos dirige a ese espacio de intimidad que surge de la propia intimidad del poeta, de un escritor a tiempo parcial que pasa muchas horas frente a sus alumnos viendo un futuro que sólo en la mirada de esos niños pudiera tener algún sentido. Pero también se adivinan las nubes negras, todo eso que vamos arremolinando unos y otros y que en algún momento será tormenta. Es, por lo tanto, su poesía el rayo que antecede al trueno, ese destello de luz que nos deja paralizados, en este caso frente a un conjunto de poemas que, sin sentido de grupo, sí que se van arrimando unos a otros en una necesidad, la de hacer de esa intimidad del autor una manera de enfrentarse al mundo, de posicionarse ante él, de irlo alumbrando como aquel hombre que entró en la caverna con una tea en la mano. Luz en la oscuridad. Palabra en el ruido. 
Cada página que pasamos, cada poemas que leemos, cada línea por la que nos movemos, nos acerca más a nosotros mismos. Es la capacidad de la poesía para exigirle a la realidad, para, no sólo intuirla, sino para intentar comprenderla. Con lo difícil que es. Hace unas páginas MPL le respondía a mi compañera Belén López que él «Sentía la poesía como una terapia», la avezada periodista ya tenía su titular y el poeta la excusa para seguir entendiendo la poesía. Una excusa que le lleva a hacer del verso una especie de pértiga para que la utilicemos como los equilibristas sobre el alambre, una manera de buscar la verticalidad cuando nuestro suelo se tambalea, cuando la inercia de los tiempos nos sitúa una y otra vez ante un abismo que finalmente se ve sustituido por la esperanza. «¿Qué puede hacer un hombre/sino albergar esperanza?». Poco más que apuntar. El hombre como esperanza de sí mismo, el poeta evitando el descalabro, eludiendo la penumbra.
Es la necesidad de la esperanza, a partir de la palabra o del amor. Complementos idóneos en la vida de cada uno de nosotros, asideros desde los que hacernos fuertes. Muros de piedra en los que apoyarnos para contener lo que la vida nos echa encima, poco a poco o de manera abrupta. Y es que ‘Después daré un grito’ (Editorial Discursiva), nombre del poemario, es también un diapasón de toda una vida. Los años que se suman, las canas que asoman ante el espejo, las arrugas que nos hacen aproximarnos a ese mismo espejo a leer en ellas. Lo que no duda en hacer el poeta a riesgo de encontrarse con todo aquello a lo que solemos volverle la vista. Los momentos amargos, las pérdidas, el dolor, la ausencia, la jodida ausencia. Todo eso también es poema, y rima con sonrisa y esperanza, como nuestra existencia. Luces y sombras a empujones día tras día. «Cuando la tibia mano del tiempo/empieza a hacerte sangre en las mejillas/es quizás el momento idóneo/ para recordar cuál es tu patria», escribe MPL, dejando suspendido, entre poema y poema, este rastro que seguir, esa huella sobre la que poner nuestra pie. Es cuando se erige la memoria cuando los blancos del papel envuelven lo escrito, esa memoria irrenunciable que da sentido a lo realmente importante, a aquello que se conserva, a aquello que pensábamos olvidado pero que de repente se acciona como tras activar un resorte impensable. Resorte en forma de piel, de aroma, de sabor, de viaje o, como no, de escritura. Una depuración neuronal que MPL traslada a sus versos. Desterradas las grandes metáforas, sin sentido la ampulosidad gramatical. Todo va tendiendo a una simplificación que hace trascender la pureza de lo íntimo, aquello que para ser descrito simplemente necesita de un ejercicio de honestidad. Y si algo tiene todo este poemario es honradez, es decir, palabras desde la que intentar trasladar una autonomía personal frente al colectivo, sin pretensiones ni confusiones para agradar a los demás, simplemente para escribir poesía.
En la Casa das Campás a las 20.00 horas MPL presentará el poemario y junto a él un buen amigo y creador, Mario Iglesias, que también ha participado de la confección del libro con el diseño de la portada y una serie de ilustraciones que salpican los versos. Pequeños apuntes que sintetizan estos versos que se convierten en el previo al grito, en la palabra a punto de ser altavoz de un hombre que en una habitación numerada quiso medirse con la vida. Verso a verso. Palabra a palabra. Grito a grito.



Publicado en Diario de Pontevedra 15/05/2017


miércoles, 24 de mayo de 2017

Valente en galego


A publicación pola editorial Ouvirmos da poesía en galego de José Ángel Valente enfróntanos a unha poesía con fondas raíces no cancioneiro medieval galego, pero que tamén se achega á vangarda dos nosos poetas para erixirse coa habitual afouteza do escritor ourensán.


TRADUTOR de idiomas como o francés, italiano, inglés ou alemán en organismos como a Organización Mundial da Saúde ou a Unesco, labor que ía en paralelo coas súas achegas poéticas, José Ángel Valente non renunciou ao galego para escribir a súa poesía. Ben certo que en cantidade inmensamente menor ao castelán, idioma que, seguindo as directrices de Rafael Dieste, foi o que o escolleu a el para escribir a súa obra. Datos como este e outros moitos ben interesantes son os que flanquean a compilación da súa poesía en galego, editada polo director da cátedra José Ángel Valente de Poesía e Estética da Universidade de Santiago de Compostela, Claudio Rodríguez Fer. Un traballo cheo de ledicia polo que ten de acubillarse na voz dun dos mellores poetas da historia, e por comprobar como o galego non lle resultaba alleo.
Un galego que podemos entender como a famosa paxariña da Cantiga CIII de Afonso X O Sabio, na que se fixou o poeta ourensán, se pousamos a nosa mirada naquela primeira poesía case que contestataria co franquismo ao publicala en galego en 1947 no compostelán diario La Noche. Aquel poema era un horizonte atlántico do finis terrae que falaba dese mar no que todo remata, pero no que sen embargo todo comeza. Ese azul, eses ollos romeiros, esa boca chea de sal durmiu como o San Ero trescentos anos ata que o cantar da paxariña espertou o santo. Así foi cando José Ángel Valente voltou a atoparse escribindo en galego inspirado polo Día das Letras Galegas adicado o rei escritor no que participou cunha conferencia en 1980. Un ano despois Ediciós do Castro publicaba Sete cántigas de alén que tería sucesivas ampliacións no seu número nos anos 1987, 1989 e 1996 con prólogos do tamén poeta Claudio Rodríguez Fer, primeira autoridade ao respecto da súa obra.
Agora a editorial Ouvirmos achéganos todo ese cancioneiro, porque así o temos que entender, e no que se inclúe algunha sorpresa a maiores, como unha nova poesía, Na mar de Vigo, que nos volve mergullar no noso mar, nesa ría de Vigo na que o poeta descubriu a catarse de enfrontarse ao mar por primeira vez. Nesa poesía volve a asomar a paxariña, convertida na memoria daquel neno cuxos ollos se prolongaron polo horizonte infindo. Alí tiña que ser, onde Galicia fixo da súa literatura medieval envexa doutras literaturas, onde os Mendinho, Johan de Cangas e Martín Códax, fundaron unha lírica de seu que lle interesou moito a José Ángel Valente para case refundala dende unha óptica de modernidade. É aí cando asoman polasCantigas de alén de Valente os nomes dos Manoel Antonio, Luis Pimentel ou Rafael Dieste, pero tamén outros nomes que pon sobre a mesa no exemplar prólogo desta edición Rodríguez Fer, como Halley, Blok ou Beckett.
O certo é o gozoso da lectura deste poemario, a súa edición en Galicia, o poder pasar as páxinas independentes das escolmas de José Ángel Valente como a monumental Poesía completa feita por Galaxia Gutenberg, na que estas Cantigas de alén eran case un apéndice no estertor do remate da vida. O tempo, a memoria, os seráns, as luces, a seitura, as verbas, os camiños, o aire ou os beizos dotan o poemario dunha fonda galeguidade, dun latexo que engaiola o lector pese a non manexar as moitas e moi cultas compoñentes que un poeta da calidade e coñecementos de José Ángel Valente podía integrar nas súas composicións. Pero todo este poemario está vivo, tan vivo, que todo iso se disolve entre as brumas, entre a radical afouteza dos textos que compoñen a terceira parte do poemario no que o autor escribe dos recordos da infancia, dos roxos acollidos no mosteiro de Oseira, dos mortos nas cunetas, da "soidade no ar", pero tamén do "alén das máscaras", ou da "tristura morna". Palabras escritas lonxe de Galicia, pero palabras que nunca estiveron tan cerca da cerna desta terra na que naceu un poeta universal.


Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo. 14/05/2016

martes, 23 de mayo de 2017

Emperatriz de un mundo de color

Carmen Romero se convirtió en uno de los personajes más populares de Pontevedra hasta su retiro en un geriátrico en el que falleció a los 91 años. 



EL INTERMINABLE listado de títulos nobiliarios que repartía por la ciudad, así como su estrafalaria indumentaria, configuraron en esta mujer uno de esos personajes que toda ciudad debe tener como reflejo de su singularidad. Personajes que identifican a un territorio en el que la proximidad física y sentimental logra que hagamos cotidiano lo que en cualquier otro sitio sería una especie de desvarío colectivo.
Pontevedra siempre ha sido muy dada a este tipo de personas y situaciones, fíjense la que hemos liado con un loro parlanchín, pero para los que tenemos recuerdo de esta ciudad desde los años ochenta si había un personaje que llamaba la atención era el de esta mujer ensortijada, de amplias y coloridas pamelas, que caminaba por la ciudad arrastrando sus marquesados, ducados y virreinatos. Esa era la imagen de las décadas finales de su vida, en las que la mente se echó al monte quizás para aliviar las heridas que la muerte de sus padres, los desengaños amorosos o la pérdida de sus últimos familiares, en definitiva, el peso que la soledad deja en el ser humano, habían abierto.
Pero la conocida como ‘Emperatriz’ tenía un nombre, Mª del Carmen Romero Veiga y era Doctora y Licenciada en Filosofía y Letras e Historia. Dos carreras, una vasta cultura y el conocimiento de numerosos países. Es posible que muchos no lo sepan pero fue docente en el Instituto, una de las primeras mujeres conductoras de la ciudad al volante de su 600 y redactora de Diario de Pontevedra en la década de los sesenta, cuando la cabecera de la capital volvió a imprimirse. En ella firmaba como Maricarmen y sus artículos no eran nada despreciables, es más, vistos y leídos hoy en día tienen un enorme valor como registro del pulso de la ciudad, no sólo desde una serie de artículos sobre calles de Pontevedra, sino, y estos eran los más interesantes, desde aquellos en los que se aproximaba al mundo laboral de la mujer. Reportajes sobre dependientas de comercio, operarias en fábricas o la mujer en el deporte, permitían y permiten conocer cómo las mujeres se adentraban en diferentes ámbitos laborales y sus condiciones de vida fusionaban el aspecto familiar con el laboral. Ese trabajo, en el que se destilan muchos componentes reivindicativos sobre la situación de la mujer, tanto desde las preguntas propias como desde ciertos comentarios que se insertaban, hacen de este trabajo una labor a reivindicar, como así se hizo dentro del proyecto local ‘Do gris ao violeta’ en el que se recuperaba la memoria de muchas mujeres a través de sus resistencias y de sus obras.
Al Diario de Pontevedra volvía no pocas veces a relatar sus azares vitales, junto a Chiño y Conchita pasaba horas y horas, en las que desde Ceilán a Seixo, daba cuenta de sus dominios. Ya eran los tiempos del personaje más que de la persona, de las manías persecutorias y los delirios de grandeza encarnados en aquella mujer que deambulaba por Pontevedra, presa de sí misma, objeto, a buen seguro, de miserables chanzas que no tenían cabida en sus reinos. De él nos contaba a todos, especialmente a Rafa Pintos, con el que compartió muchos momentos inolvidables que la rescataban de la soledad, y de ese mundo pensaba cuando se sentaba en la Alameda, sola, como en un día de 2008 en la que el fotógrafo Antonio Costa la captó como tantas veces la habíamos visto, tal y como la recordaremos siempre, entre los colores de un mundo que le falló.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/05/2017
Fotografía gentileza de Antonio Costa

lunes, 22 de mayo de 2017

Volverei!

Os premiados na Gala do Libro (Alba Sotelo)


Horas despois da celebración da Gala do Libro Galego e non resultando gañador do premio a mellor xornalista cultural ao que era un dos nominados, pois xa podo dicir un par de cousiñas:
A primeira é agradecer de todo corazón a todas as persoas que votaron por min para que resultara finalista, foi unha gran e feliz sorpresa sentir que hai alguén ao outro lado da páxina e xuntarme con xente que tanto admiro polo seu traballo como Susana Pedreira Buján Ana Romaní Xiana Arias Rego e o Zigzag Diario
A segunda é amosar a miña alegría por varios premiados aos que teño en moita estima polo seu traballo e dos que me gabo da súa amizade. Nomes como os de Ledicia CostasMercedes Queixas ZasXosé Monteagudo ou a Libraría Paz déronme unha ledicia inmensa.
A terceira é que debemos estar moi orgullosos do moito talento que hai entre os diferentes axentes culturais que fornecen a industrial cultural galega, como ben apuntou Xosé Ballesteros, de xeito tan repetitivo coma necesario, no seu discurso. Premiados e non premiados enchen as nosas vidas de traballos marabillosos que amosan intelixencia e esforzo a partes iguais.
A cuarta é felicitar a Editores, escritores e libreiros pola unión exhibida nunha gala organizada de xeito exemplar.
E a quinta, que como dicía aquel, volverei!

miércoles, 17 de mayo de 2017

Afouteza. Onte, hoxe, mañá.


Poucas veces soou tanto unha palabra en Galicia como a pasada semana, con esa afouteza elixida como símbolo de resistencia pola afección do Celta. Afouteza soando dende a rúa do Príncipe ata os platós de televisións madrileños ou no mesmísimo Old Trafford. A cidade de Vigo enchoupada en carteis e bandeirolas coa palabra máxica, políticos facendo dese impacto público ingrediente dos seus discursos, cativos nos colexios coa boca chea de afouteza... En definitiva, a lingua galega como parte dunha identidade de dentro e de fóra que é quen de invadir a toda a nosa sociedade.
No Día das Letras Galegas, un dos poucos do ano nos que se pensa sobre o noso idioma e as súas posibilidades, urxencias e derivas, un non pode deixar de envidiar o fútbol pola capacidade que ten de infiltrarse na sociedade, de asolagar territorios que van dende o físico ata as sensacións máis primarias do ser humano, o que me leva a pensar en por que non tomalo de modelo, na súa vertente da difusión masiva, como mostra de parte do camiño que as institucións responsábeis deberían afrontar para poñer en valor o galego, non tanto o dirixido ás elites como o do día a día, un labor que é como regar un xardín no que enxergar palabras no léxico da xente de a pé (cantos non saberían da existencia desa fermosa palabra ata que Celta e Manchester cruzaron os seus camiños), tamén a visualización diaria do emprego do galego con orgullo, sen medos, sen vergoñas. Ver esa palabra pendurada polas rúas e prazas da cidade máis grande de Galicia ou protagonizando grandes titulares nos medios de comunicación é a proba do necesario dese investimento, do retorno que tería nunha poboación desorientada co uso do galego e á que pouco se lle axuda para reafirmarse dende o seu emprego fronte á apisoadora do castelán.
Quixo o destino que outra apisoadora atracase neste día en Vigo. O partido aprazado polo temporal ante o Real Madrid terá hoxe a súa resolución e tamén a da propia Liga. Aquela suspensión amosou unha certa afouteza antes de que o propio Celta se abrazase a esa palabra semanas despois, fronte ao autoritarismo que amosaron o equipo branco e o seu presidente, Florentino Pérez, que xa tiña unha das súas brigadas de obras e contratas preparada para ensinarnos aos galegos cómo se arranxaba en poucas horas o problema das cubertas de Balaídos. O Celta resistiu, non escoitou os cantos de serea dende a capital, e abofé que esa resistencia fronte á prepotencia sumarase hoxe no céspede ás ganas dos xogadores de agradecerlle á súa afección o fermosísimo exemplo que deron tras o partido do Manchester, que supuxo a su eliminación da Europa League, pero que renovou o compromiso de xogadores e club con esa palabra galega como fío.
Hoxe volverá ser un día de afouteza, como o foi onte fronte o equipo de Mourinho, pero como tamén o debería ser mañá para unha lingua á que hai que axudar para que se converta en semente. Todos os cartos (desgraciadamente nisto hai moito de investimento económico, ademais de sensibilidade a aplicar na sociedade e no sistema educativo) empregados dende Vigo para simbolizar nunha soa palabra o sentimento celeste serviron como poucas medidas adoptadas ata agora para xuntar aos seareiros co seu equipo, e tamén un pouquiño ao resto da sociedade co galego. Unha iniciativa que tería que motivar a reacción das institucións encargadas de coidar do noso idioma. A propia Real Academia Galega ten a proba dese éxito na súa páxina web, ao ser a palabra afouteza a que lidera a listaxe das máis consultadas no seu dicionario dixital, o que tamén debería motivar ao Goberno da Xunta de cara a facer unha aposta máis decidida polo emprego do galego dende aquelas canles  que son as que lle fan chegar o que acontece na sociedade aos cidadáns. Dende a escola á edición de libros, pasando polos medios de comunicación, o deporte, a empresa... pero sobre todo hai que pousarse nas rúas e beirarrúas, por onde pisa a xente do común, cun fomento máis imaxinativo do que se ten feito ata o momento, sempre demasiado institucional e afastado do pobo, o que podería acadar uns resultados mellores.
Se unha soa palabra fixo o que fixo dende o fútbol, canto se podería facer ao longo de todo un territorio cunha boa campaña de visibilidade do idioma? Unha afouteza que se tería que trasladar a toda Galicia como evidencia do compromiso dos seus gobernantes co galego. Lingua que ten que ser un xeito de respirar e que nestes momentos precisa de respiración asistida. Uns novos folgos que o fútbol semellou atopar de xeito inesperado a través da imaxe, da afouteza necesaria, onte, hoxe e mañá, para o Celta, pero tamén para a lingua galega.



Publicado no Diario de Pontevedra e El Progreso de Lugo 17/05/2017
Fotografía: Futura sede del Celta en la calle Príncipe. (R. Sazor)

Entre o vento ferido e o gato Samuel caeu unha mazá



Aínda non sei se é certo ou é un deses contos que tan ben narraba o bo de Carlos Casares. Conto amargo e cheo de tristura, e ese non era o seu estilo, o del era o conto que xorde do máis sinxelo, do casual, daquilo ao que ninguén lle daba importancia, entón el era quen de artellar un relato co que enseguida te sentías cómplice. Pouco importaba se falaba dunha mazá, do seu gato Samuel, dos seus treneciños ou da súa colección de aparellos de fotografar. A súa capacidade para facer grande o máis pequeño é o meu xuízo o máis engaiolante da súa produción literaria e, máis aínda, da súa articulística, da que no noso país era, sen dúbida algunha, o mellor.

Este principiño da literatura –a súa colección de edicións en diferentes linguas dese fetiche seu que era O Principiño de Saint-Exupery é extraordinaria- marchou na noite, no medio dun vento ferido e sen facer barullo, despois dunha xuntanza con moitos dos seus amigos e abofé, despois dunha tertulia da que non imos ter ningunha crónica. Con nós quedará sempre o recordó da súa humana timidez que me fai lembrar cando me acheguei a el na Facultade de Xeografía e Historia para felicítalo polos seus escritos e como baixou a cabeza rexeitando o agasallo do que logo se gababa diante da folla. Seguramente collería de mellor agrado unha bolsa cun molete de pan. E tamén debor recordar, no nome dun grupo de rapaces recén licenciados en Arte a súa inmensa xenerosidade ao apostar por todos eles dende a Editorial Galaxia, e así facer realidade a creación dunha revista crítica artística chamada Interesarte, algo que para os que comezamos no eido da reflexión artística nunca será de todo agradecido.


Publicado no Diario de Pontevedra o 11/03/2002. Un día despois do funeral de Carlos Casares.